Boletín Internacional

BOLETÍN N° 32

Un inédito llamado de la Sabiduría…

Una respuesta impregnada de un amor apasionado

 

Celebrar el 25avo aniversario de la Beatificación de María Luisa de Jesús es para nosotras, para cada Hija de la Sabiduría fuente de alegría y gratitud, y a la vez también fuente de interpelación profunda.

Estoy persuadida que no es por azar que la celebración del 25avo aniversario de la beatificación coincide con el  acontecimiento de Capítulo General. La beatificación ha permitido a muchas de entre nosotras conocer mejor la  atrayente fisonomía   de la primera Hija de la Sabiduría. Revelándose a nuestros ojos y  a nuestros corazones   en toda la originalidad de mujer apasionada y audaz,  respondiendo al  llamado inédito, de vivir  una nueva forma de vida religiosa  para su época…una  vida religiosa apostólica.

En la celebración de la beatificación en Roma, el 16 de mayo de 1993, el papa Juan Pablo II pronunció las siguientes palabras al respecto:

 

«María Luisa de Jesús se dejó tomar por Cristo, buscó apasionadamente la alianza interior de la sabiduría humana con la Sabiduría eterna. Y el despliegue natural de este lazo de intimidad profunda, fue una acción apasionadamente consagrada a los más pobres de sus contemporáneos. La adoración de la Sabiduría del Padre, encarnada en el Hijo, lleva siempre a servir diariamente a aquellos y aquellas que no tienen nada para agradar a los ojos de los hombres, pero que son siempre muy queridos a los ojos de Dios.”

 

Podemos   preguntarnos, ¿cómo estas palabras proclamadas por el Papa San Juan Pablo II, hacen eco en nuestro corazón preparándonos a vivir este acontecimiento del Capítulo general que nos invita a “Amar sin fronteras”? Creo que el primer lugar de conversión al cual   se nos llama, es de dejarnos tomar por Cristo, buscarlo apasionadamente en una relación que se vive reconciliando naturalmente en lo cotidiano una intimidad profunda con la Sabiduría y una acción amorosa por los más desprotegidos.

Ciertamente, la encrucijada a donde la Sabiduría nos llama hoy no tiene la misma realidad contextual que la de nuestra fundadora. Pero vivir en la encrucijada nos pide ser religiosas audaces y de mantenerse proféticamente en el movimiento perpetuo de la vida, mantenerse en las “franjas o en los márgenes” ….   en el caos de una nueva creación de donde emergerá una manera nueva de tejer los lazos de humanidad, de configurar nuestras sociedades, la Iglesia y reconfigurar la vida religiosa incluida la Congregación.

¿No confiaba María Luisa en Montfort, que al precio de su propia vida pudo cuestionar una tradición  amenazada de esclerosis, poco evangélica? Optó con él por una forma de vida religiosa a los “cuatro   vientos”, expuesta a los imprevistos normales y perturbadores de la vida.

¿No estamos fuertemente urgidas a entrar en la visión de esta mujer quien jamás dudó en seguir el paso de la novedad del Espíritu? La marginalidad nunca la asustó y aun hoy, ella nos llama allí.  Sus numerosas negativas a transacciones como la “primera de la cuerda”, hablan elocuentemente.

 

Recordemos el secreto de su audacia: un amor loco por Dios…

“Para hablar bien de Dios es necesario hablar frecuentemente a Dios.” 1

Y un amor loco por los pobres…

“Nuestro amor debe ser un amor activo que cree en nosotras un deseo   
    ardiente de que Dios sea conocido, amado y servido.”
2

“Si, si yo fuera tela me daría a los pobres.” 3

                                                                              

Ruego, que cada una en el fondo de su ser y en comunión las unas con las otras, invoquemos a María   Luisa con el fin que estemos siempre más enraizadas en el amor de Cristo Sabiduría, el único amor que puede transformarnos en una zarza ardiente, irradiando su amor y atrayéndolo como miembro del Cuerpo Congregación, en un movimiento profético testimoniando que con la Sabiduría es posible ¡Amar sin fronteras!

 

Hna. Louise Madore hdls
Superiora general

 

1.En direct avec Marie-Louise de Jésus – Écrits et paroles, p. 148

2.Ibid., p. 148

3.Documents et Recherches VII, Charles Besnard  No524,

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BOLETÍN N°31

El exceso prodigioso del amor de Dios

Hna. Louise Madore hdls
Superiora general

Para contemplar el amor excesivo de Dios, dejarse envolver y tocar profundamente, no existe más que un único camino, el mismo que Jesús, la Sabiduría eterna ha elegido para revelarlo, el camino de la Encarnación, el camino de la humanidad.

Para prepararse a celebrar dentro de algunas semanas, la fiesta de Navidad, misterio de la Encarnación, les invito a tomar el tiempo para orar y contemplar algunos textos del Amor de la Sabiduría Eterna que inspiran toda nuestra espiritualidad, y nuestra manera de vivir y amar.

Para presentar el misterio de la Encarnación, Montfort nos invita a asistir a una puesta en escena inédita. He aquí las tres Personas de la Trinidad reunidas, como lo fueron para la Creación del mundo. La Sabiduría eterna, es Ella misma quien llama y reúne al Padre y al Espíritu para buscar cómo “reparar el amor” entre Ella y la humanidad… Cómo ofrecerse de nuevo como camino de felicidad y de vida a aquel y aquella a quien ama perdidamente, pero que la ignora o la rechaza.

“Me parece ver a esta amable Soberana (la Sabiduría) convocar y reunir por segunda vez, digámoslo así, a la Santísima Trinidad para restaurar al hombre, como lo hizo para formarlo” (ASE 42)

 Este gran misterio de amor que se teje en el seno de la Trinidad, que es  el de la Encarnación, para el Padre de Montfort es el “misterio fundamental” en el corazón de su espiritualidad y lo mismo que de  la nuestra.

“Su ofrecimiento es aceptado; la decisión, tomada y decretada; la Sabiduría eterna es decir el Hijo de Dios, se hará hombre…” (ASE 46)

¿Cómo la Sabiduría eterna puede comprometerse en tal búsqueda amorosa del ser humano?, ¿por qué busca tanto salvarnos hasta el punto de hacerse uno de nosotros, querer compartir nuestra humanidad?

 Según Montfort, lo que motiva la Sabiduría eterna en esta iniciativa, es el amor de predilección, la ternura expansiva que ella tiene por el ser humano, ¡por todo ser humano!
 
“La Sabiduría eterna se conmueve vivamente ante la desgracia del pobre Adán y de todos sus descendientes… Tiende amorosamente el oído a sus gemidos y clamores. Mira compasivamente el sudor de su frente, las lágrimas de sus ojos, la fatiga de sus brazos, el dolor de su  corazón y la aflicción de su alma” (ASE 41)

“En fin, para acercarse más al hombre y manifestarle más tiernamente su amor, la Sabiduría eterna llegó a hacerse hombre, haciéndose niño, viviendo en suma pobreza e incluso muriendo por el hombre en la cruz”. (ASE 70) 

 
Contemplando una escena de la Natividad, meditando y saboreando prolongadamente estos textos de Montfort sobre la Encarnación, ¿qué relación podríamos hacer entre ellos y el tema del Capítulo General: “¡Amen sin fronteras!”?

 Para ayudarnos, tomemos el camino privilegiado que Montfort nos ha enseñado y ha vivido nuestra fundadora María Luisa de Jesús… Tomemos la mirada contemplativa de María para dejarnos tocar y transformar por este misterio de amor tan grande como el de la Encarnación.

“El Incomprensible se dejó comprender y contener perfectamente por la humilde María, sin perder nada de su inmensidad. [...]. El Inaccesible se acercó y unió estrecha, perfecta y aun personalmente a nuestra humanidad por María, sin perder nada de su Majestad. Del mismo modo, por María debemos acercarnos a Dios” (VD 157).

 María es elegida por Dios para ofrecer a la Sabiduría el camino de la humanidad que hace de ella nuestro hermano. Como Ella, nuestra misión no es solamente dar Jesús al mundo, sino también hacerlo descubrir, conducirlo hacia a Él y construir una nueva humanidad para la cual, todos los días continúa  encarnándose en nosotros, en el otro y en la Creación. Con María, vivamos nuestro camino de humanidad convirtiéndonos en mujeres que se atreven a “Amar sin fronteras” para vivir ¡el exceso prodigioso del amor de Dios!
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BOLETÍN N° 30 ABRIL 2017

“ ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?” Mc 16, 3


Hna. Louise Madore hdls
Superiora general

Esta Palabra resuena, en la mañana de Pascua, en el corazón de estas mujeres ansiosas de encontrar al Ser amado Jesús. Deseosas de manifestar su amor realizando los últimos ritos, tan luego terminó el sábado, compran las especias aromáticas necesarias y corren para ungir el cuerpo del bien amado. Pero, de repente, en el camino, una duda surge en sus corazones. “¿Quién nos retirará la piedra?”

En los 4 evangelistas, en esa mañana de Pascua, estas son las mujeres que se preocupan de encontrar una manera de retirar la enorme piedra que bloqueaba el acceso a la tumba: ¿Quién nos retirará la piedra?” (Mc 16, 3) y de nuevo estas mismas mujeres se consternaron al descubrir que la piedra fue quitada (Lc 24: 2; Mt 28,2) o retirada (Jn 20,1).

Les invito a contemplar esta piedra retirada… como en la mañana de Pascua, tratemos de descubrir lo que significa para nosotras hoy. Es lo inconcebible que tiene lugar delante de los ojos de estas mujeres, primeras discípulas de la Resurrección.

Pidamos a estas mujeres, testigos de la Resurrección, de abrir nuestros ojos para descubrir por la fe, más allá de las apariencias, las realidades que nos invaden. Cuando pensaban que todo estaba acabado, que Aquel a quien habían amado tanto y puesto toda su esperanza, su Maestro, Jesús, fue sellado para siempre, en la muerte detrás de esta piedra. 

He aquí, la irrupción de lo inesperado, tal como el agua que brota en el corazón de un desierto, la vida estalla de la prisión de la tumba, la muerte es retirada por la resurrección. Al crisol del amor loco entregado en la cruz, la Vida grita "victoria" en Jesús resucitado, en él la muerte ya no tiene poder.

En nuestros corazones, dejemos a Cristo resucitado quitar nuestras piedras que nos impiden dejar surgir la vida y nos mantienen en las obscuridades de la tumba. Son numerosas esas piedras que desvían nuestra mirada de los gérmenes de vida que esperan sólo nuestro amor para estallar… Las piedras de nuestra indiferencia, de nuestra cólera, de nuestros miedos del otro diferente o más aún las piedras que nos encierran en el pasado, en una vida religiosa apagada, en nuestro individualismo… ¿Cuál es la piedra “retirada” por la Resurrección que deseo ver, hoy?”

En un mundo que nos habla frecuentemente del miedo al extranjero, al migrante y nos invita a replegarnos sobre nosotras mismas, sobre nuestra realización humana en detrimento del bien común y de la misión, ¿arriesgaremos a quitar las piedras que nos encierran y nos asfixian?

La Sabiduría sigue siendo esa fuerza liberadora que nos envía hacia nuestras hermanas y hermanos necesitados, sedientos de relaciones verdaderas, en búsqueda de sentido y que aspiran ser liberados de toda forma de cargas que hacen pesadas sus vidas (Orientación Cap. Gral. 2012) 

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